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Mucho tiempo antes de que los europeos descubrieran su afición al cacao, estos granos aromáticos ya constituían alimento y fuente de placer para los nativos de América Central y del Sur. Se dice que fue la civilización de los Olmecas la que bautizó a esta planta con el nombre de “cacao” hace más de 3.000 años.
Descubrimientos arqueológicos han revelado que los Mayas (cuyo apogeo fue del 250 al 900 d.C.) colocaban vasijas con bebida de cacao en las tumbas de sus muertos. Incluso cuando la cultura Azteca desplazó a la de los Mayas, el cacao continuó siendo una importante fuente de alimento y forma de pago.
Sin embargo, cuando Cristóbal Colón llegó a América Central en 1502 mostró muy poco interés en esta bebida de sabor amargo que tenía el nombre azteca de “xocaoatl” (de xococ = amargo, ácido, picante y atl = agua). Fue el conquistador español Hernando Cortés quien trajo la “bebida de los dioses” a España en 1529, aunque en un primer momento los europeos no se hicieron con el sabor de esta preparación de cacao no azucarada. Sólo después de que se mezclara con miel o caña de azúcar el chocolate se hizo popular en todo el mundo. En 1847 una compañía inglesa elaboró la primera barra de chocolate. Finalmente, a finales del siglo XIX, una mezcla de leche condensada y chocolate permitió la creación de la más famosa variedad de chocolate: el chocolate con leche.
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