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Su variedad de constituyentes asegura que la miel esté particularmente bien valorada por su valor nutritivo. La composición de los diferentes tipos de miel varía enormemente como resultado de las diferentes condiciones ambientales (clima, tipo de planta, etcétera).
El dulce sabor proviene de los altos niveles de fructosa o glucosa (entre el 70 y el 80%). Además, contiene entre un 15 y un 21% de agua y enzimas, aminoácidos, restos de grasa, polen y más de 100 componentes aromáticos. Contiene cantidades variables de minerales como el potasio, el magnesio y el calcio, y restos de elementos como el hierro, el cobre, el manganeso y el cromo.
El alto contenido de azúcar en la miel quiere decir que es energéticamente muy rica (100g de miel contienen 325 kcal/1360kj).
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