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Es sencillo reconocer el pescado fresco usando simplemente la nariz y la vista. Los ojos brillantes, las branquias rojas y brillantes y las escamas relucientes son el principal criterio a seguir. Un test de presión también puede confirmar la opinión inicial. Al presionar con el dedo el cuerpo de un pescado fresco, la hendidura producida debería desaparecer de inmediato.
Un pescado fresco nunca huele a pescado, sólo a agua del mar. El hecho de que el pescado proceda de aguas limpias y que haya sido ininterrumpidamente refrigerado y rápidamente procesado también son características de calidad de los mejores productos. Como el pescado fresco se estropea pronto, debería consumirse el mismo día en que se compra. Al mismo tiempo, debería limpiarse bajo un chorro de agua, secarse con unos golpecitos e introducirse en el frigorífico (y, sobre todo, cubrirse con papel de aluminio). De este modo podría conservarse durante un máximo de 24 horas.
El pescado frito o hervido, si se cubre, se puede almacenar durante dos días en el frigorífico. El pescado congelado debe consumirse una vez descongelado, y en ningún caso debe congelarse de nuevo.
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