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Antes de la germinación, habría que lavar las semillas a fondo y quitar las que estén decoloradas. Las semillas germinan mejor en la oscuridad. Para finalizar correctamente, la mayoría de semillas tiene que permanecer en remojo en agua tibia durante toda la noche. Si este pretratamiento no fuera necesario con algún tipo de planta, se indica en el propio embalaje.
Al día siguiente, los brotes de germen deben colocarse en el recipiente apropiado. Los brotes verdes (por ejemplo el berro, la alfalfa y la mostaza) crecen mejor en contenedores bajos. El más adecuado es un tazón bajo con la gasa húmeda para extender sobre ella las semillas.
Para mantener las semillas húmedas deben rociarse con agua cada cierto tiempo.
Para otro tipo de semillas puede usarse un germinador especial. [Puede encontrarse más información sobre los contenedores para germinar en "Varios métodos de germinación "]. Es importante que las semillas estén siempre húmedas, pero no mojadas. Estos deben ser enjuagados con agua al menos dos veces al día. Esto permite que pueda liberarse el dióxido de carbono resultante y absorber el oxígeno para los brotes. La época del año y la temperatura también afectan a la cantidad necesaria de agua.
La luz promueve la producción de sustancias nutritivas valiosas y reduce el contenido de nitrógeno. Las semillas germinadas deberían colocarse en algún sitio con luz, sobre un alféizar por ejemplo. Sin embargo, no deben exponerse a la luz solar directa. La temperatura óptima para la germinación es de 18 a 22 grados Celsius.
Los brotes tardan en cosecharse de dos a ocho días -dependiendo del tipo de planta-. Las semillas que han germinado son conocidas como semillas germinadas. En la siguiente etapa, cuando pueden verse las primeras pequeñas hojas verdes, se les denomina brotes o tallos.
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