Coliflor La coliflor tiene una cabeza firme y blanca, con un sabor muy suave. Ese color blanco se debe a que las hojas encierran la cabeza de la coliflor y la protegen. De esta manera, la luz del sol no penetra en el interior de la planta e impide que la coliflor cambie de color. Cuando se expone a la luz del sol, la cabeza cambia del amarillo al violeta y marrón en cuestión de pocas horas. La coliflor demasiado madura también adquiere un color oscuro. A diferencia de otros tipos de coles, la coliflor se digiere con facilidad y es apta incluso para dietas blandas. Antes de cocinarla, se debe lavar con agua abundante y hervirla en agua con sal. El tiempo de cocción ha de ser reducido, para no perder la gran cantidad de potasio, ácido fólico y vitaminas B que contiene. La coliflor es perfecta tanto para acompañar platos de carne como en forma de soufflé al horno. La variedad “romanesco” es, curiosamente, de color verde. Debido a sus cogollos puntiagudos, es una delicatessen de especial belleza, que tiene un sabor más fuerte e intenso que la variedad blanca.
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