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La preparación de cebollas puede convertirse en una sesión de la tortura: los ojos de muchos cocineros se queman y lloran mientras las cortan. El secreto del problema es el azufre, que es utilizado por la planta para protegerse contra parásitos y enemigos naturales, como insectos o gusanos. Sin embargo, el azufre emerge cuando se corta la cebolla e irrita las membranas mucosas, produciendo estas consecuencias. Para debilitar el efecto, sumerja brevemente las cebollas en agua corriente antes y después de pelarlas y cortarlas. Un cuchillo fino y afilado reduce también este problema. La raíz contiene la concentración más alta de la sustancia, así que esta parte se debe quitar solamente al final.
Consejo: para asegurarse de que las cebollas mantengan su sabor, quite sólo la cáscara y haga un buen corte antes de cocinarla.
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