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Esta planta de nombre exótico desciende de América del Norte y fue traída a Europa por marineros franceses en el siglo XVII. Al principio, este tubérculo fue utilizado para alimentar al ganado y al mismo tiempo como nutriente básico, pero finalmente fue sustituido por la patata. La planta se parece al girasol en forma y tamaño, sus las raíces son similares a las del jengibre y su sabor resulta comparable al de la alcachofa. Dependiendo del tipo, la capa superior puede ser roja o amarillo-marrón, el interior es blanco. La cosecha de esta planta tuberosa empieza en otoño y puede prolongarse hasta la primavera. Al igual que la chirivía y la raíz de perejil, la alcachofa de Jerusalén es dura y puede permanecer en la tierra durante todo el invierno esperando su recolección, algo muy práctico para los aficionados a la horticultura. Se pueden plantar estos tubérculos en un gran número de tierras y climas.
Muy versátil en su uso El Topinambur no sólo se utiliza en la elaboración de platos diferentes, sino que esta alcachofa de Jerusalén también se usa en la producción de bebidas espirituosas y sirope. Desde hace algún tiempo, se está estudiando su idoneidad como fuente de energía para la producción de bio-gas, bio-etanol y gasolina. Cuando se compran hay que cuidar de que los tubérculos estén frescos y tengan aspecto de recién recogidos, porque rápidamente pierden sabor y se marchitan. No se conservan frescos más de un par de días. No hace falta pelar los tubérculos porque sería una minuciosa tarea, será suficiente con limpiarlos con agua corriente. Se puede comer los bulbos crudos, en ensaladas, sopas, purés, gratenes o en platos dulces. Sin embargo, inmediatamente hay que salpicar los tubérculos rallados con zumo de limón para que no se oxiden. Tardan aproximadamente diez minutos en cocerse en agua. Freírlas en lonchas tarda de cinco hasta siete minutos aproximadamente. Nuestro consejo culinario para otoño: las alcachofas de Jerusalén saben muy ricas estofadas en mantequilla y condimentadas con un poco de comino.
Beneficioso para el organismo Sus altos niveles de hierro y vitamina K constituyen sus propiedades más importantes. Las alcachofas de Jerusalén también contienen un nivel alto de fibras alimenticias e inulina. La inulina está considerada prebiótica por ser una fuente de alimentación para bacterias que influyen en el mantenimiento de un aparato digestivo sano. La inulina también está presente en muchos alimentos como el yogur etiquetado como “prebiótico”. La inulina contiene fructosa y no afecta el metabolismo de glucosa. Por eso, los tubérculos están especialmente indicados para diabéticos. Pero hay que tener cuidado: no se debe confundir la inulina con la hormona insulina. Un posible efecto: la inulina presente en la alcachofa de Jerusalén puede causar flatulencia si lo consumen personas sensibles.
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