Tanto el área de cultivo y la variedad del fruto como el proceso de producción son factores que influyen en el aroma del aceite de oliva. Además de la calidad del aceite, el sabor también es un aspecto decisivo para lograr la armonía óptima con cada plato. Desde un punto de vista sensorial, el aceite de oliva también puede clasificarse en función de su carácter más o menos afrutado:
- Ligero (leggio): Va muy bien con platos fríos y postres como soufflés y pastelería de levadura.
- Medio (medio): Encaja bien con platos de pescado, aves y carne blanca asada.
- Intenso (intensio): Un auténtico placer carne roja a la parrilla.
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