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En las zonas mediterráneas, este fruto seco ha formado parte de la dieta de otoño desde hace más de 2.500 años. En otros países de Europa, el aroma de las castañas asadas está asociado a la estación invernal y al tiempo tormentoso. Las castañas pueden encontrarse frescas desde septiembre a marzo, y secas y con cáscara durante todo el año.
Un sutil diferencia Existen dos variedades básicas de castaña, aunque hay que mirarlas muy de cerca para diferenciarlas. Una de ellas tiende a ser redonda y sólo uno de sus lados es ligeramente liso; otra (que generalmente se la denomina marone, como es conocida en Italia) suele tener forma oval o de corazón, además de ser más fina y con un aroma más cremoso.
Estas castañas no deben ser confundidas con el fruto del castaño de Indias, que a pesar de su parecido no son comestibles.
Un producto saludable Mientras que otros frutos secos son muy ricos en grasas, las castañas destacan por su alto contenido en almidón (40%), lo que les da este característico sabor harinoso. Además, las castañas contienen importantes vitaminas y minerales como potasio, magnesio, vitamina B, C y E, y ácido fólico.
Un placer versátil Las castañas son el ingrediente de platos muy exquisitos. Antes de consumirlas tienen que asarse o cocerse, lo que convierte el almidón que contienen en azúcar, dándoles ese fuerte sabor cremoso que tienen.
Las castañas recién asadas son un aperitivo muy popular. Además, son un complemento muy apetitoso a la hora de rellenar ocas, patos o pavos, aunque para ello hay que cocerlas primero en agua salada. Las castañas secas y picadas se suelen utilizar para hacer harina de castaña como complemento para preparar masa de pan. Y como postre, las castañas también son un placer para el paladar.
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Mousse de Castañas
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